miércoles 18 de marzo de 2009
Leer es bueno. Eso dicen las personas a las que nos queremos parecer cuando somos pequeños. Nuestros padres se alegran cuando nos ven leer un libro y nuestros profesores siempre nombran libros cuya lectura recomiendan. Hay hasta quien pasa la vida devorando libros sólo porque le gusta que la gente vea que los lee. Pero creo que esta provocación e incitación a la lectura tiene un lado oscuro y tenebroso, que deberíamos tener en cuenta. Y es que los libros no sólo entretienen, sino que también pueden enseñar. Y eso no siempre es bueno, lo digo de verdad.
Toda esta reflexión viene porque últimamente he leído dos libros seguidos de Juan José Millás: “Laura y Julio” y “El desorden de tu nombre”. Y la verdad es que me lo he pasado pipa con sus razonamientos neuróticos, sus paralelismos entre escritor y protagonista, las caracterizaciones de sus personajes y la inminente y cansada humanidad que late en todas sus novelas. Pero no todo es bueno, hasta el punto de que en cierta medida me estoy arrepintiendo de haber leído estos dos libros. Me explico.
Conozco (a distintos grados de profundidad) a muchas parejas casadas. Pero siento que conozco muchísimo mejor a Laura y Julio (los protas de ambos libros) que a cualquiera de las parejas que me rodean. Laura y Julio piensan y hablan en estas novelas con la facilidad con la que Millás escribe y transmite, lo cual te arrastra a un terreno en el que no puedes dudar por un momento de la existencia de ambos personajes. Hablan de sentimientos y de cómo estos se entrelazan con la rutina del mismo modo que nos sucede a nosotros en la vida misma. Contemplan el amor y las relaciones como una constante búsqueda en la que al final no se encuentra nada, o se encuentra algo que no se buscaba, pero siempre queda el placer y consuelo de haberla vivido.
Creo que para que podáis valorar lo que os digo tengo que remitiros necesariamente a la lectura de ambos libros, caso de que no los hayáis leído. Cuando decía que me arrepiento de haberlos leído (siendo exagerado) me refería a que donde antes veía una pareja sonriente, ahora a veces veo Lauras y Julios e imagino relaciones como las suyas, cargadas de lucha y de momentos de alcoba. Tras ese vecino noctámbulo y desconocido, imagino ahora a un Julio enamorado y despechado, con gente entrando y saliendo de su vida y de sus sueños. Tras leer estos dos libros, ha variado en mí el patrón de relación estandarizada que aplicaba a las parejas que conozco. Ahora imagino de manera más tangible una relación “a lo Millás”: en definitiva una relación con una fragilidad en la que parece que la vida adulta sea una prórroga de la adolescencia, prórroga en la que los jugadores persiguen el mismo objetivo, pero están algo más cansados y desorientados.


4 comentarios:
Me ha encantado la reflexión que has hecho sobre la pareja y, sobre todo, el párrafo final "una prórroga donde los jugadores buscan lo mismo pero están más cansados". me ha gustado mucho tu artículo y me lo "apunto" como libro para leer. Un saludo.
Aún así yo creo que no es así. Una pareja sólo la puede llegar a conocer con una profundidad digna la propia pareja. Y como parte de una pareja que soy, creo que eso es lo bonito, ese mundo prohibido y privado al que sólo acceden los dos, es tan especial... Al menos es lo que me ha enseñado el poco tiempo que he vivido...
Me apunto yo también los libros ;)
Gracias María, y gracias, Eu!
Esa es un poco la clave, Eu. Que no es así pero Millás nos hace creer que sí. Por suerte no todos somos Julio... :D
Abrazo!
Bueno, bueno... leerte creo que es lo mejor que ha podido pasar después de tanto tiempo... Crítica impecable y que incita a la lectura, invita a la lectura de ambos libros (qué es si no, pues, una crítica literaria?
Encantada, encantadísima de leerte...
Isa
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