viernes 6 de marzo de 2009
Me aburre hablar de la crisis. Todos los días oigo esta palabra de boca de varias personas. Hoy la he oído de boca de mi vecino del ático, del conductor del autobús, y hasta la he visto como reclamo publicitario en una tienda de electrodomésticos, en la que bajaban un 10% los precios “por la crisis”.
En época de vacas gordas todos los ciudadanos de a pie disfrutamos de lujos que nos quedaban grandes: hipotecas no acordes con nuestros sueldos, préstamos personales para puro disfrute, y un ritmo de vida que vivíamos como si nos hubiera contagiado una especie de mosca tse-tsé del consumismo. Los síntomas eran visibles: colas infinitas en las cajas del corte inglés, coches caros en los semáforos, pubs por la noche que se abarrotaban de jóvenes que pagaban cubatas a 8 euros y que lucían ropa cara con una sonrisa ingenua dibujada en los labios, y escasa introspección: el dinero empujaba a vivir a la gente.
Ahora ya parece que no es así. Estamos pagando los platos rotos de un sistema económico que como ciudadanos de la calle no entendemos, pero sí sufrimos. Solbes quizá ande más orientado y sepa qué hacer con su dinero, pero el ciudadano medio anda bastante desorientado, y cada uno forja su idea (normalmente distorsionada) para aliviar su sufrimiento económico en caso de que lo tenga.
Y aquí estamos todos, con caras largas, apretándonos el cinturón, comprando pollo en lugar de ternera y hablando de la crisis en el ascensor, como si fuera una tortura tener que adaptarse a esta nueva realidad.
Cada día mueren de hambre 24.000 personas según la ONU. Mueren sencillamente porque no tienen nada que llevarse a la boca. Y nosotros nos quejamos por tener que comer pollo. Y es que me voy a tener que cambiar a un coche diesel, que según están las cosas no me da para gasolina. Y qué ladrones los bancos que nos hacen sufrir así, que no nos dan ya hipotecas astronómicas para que, después de firmarlas, nos vayamos al bar a quejarnos de cómo están las cosas frente a nuestra caña de cerveza.
Nuestro gobierno aprobó recientemente un “paquete de ayudas económicas de 4100 millones de euros”. No sé exactamente dónde irán, pero sospecho que cuando pase todo este vendaval de tristeza que es la crisis, muchos más ciudadanos de este país volverán a llenar de ternera sus neveras, y muy probablemente esos 24.000 muertos de hambre al día ya se acerquen más a los 25.000. Así que dejemos de quejarnos y empecemos a dar gracias de vivir en este pedacito de cielo en el que pocos señores ricos vivimos a costa de que mueran muchos señores pobres que no se quejan de la crisis porque no saben lo que es ni jamás lo entenderían.
En época de vacas gordas todos los ciudadanos de a pie disfrutamos de lujos que nos quedaban grandes: hipotecas no acordes con nuestros sueldos, préstamos personales para puro disfrute, y un ritmo de vida que vivíamos como si nos hubiera contagiado una especie de mosca tse-tsé del consumismo. Los síntomas eran visibles: colas infinitas en las cajas del corte inglés, coches caros en los semáforos, pubs por la noche que se abarrotaban de jóvenes que pagaban cubatas a 8 euros y que lucían ropa cara con una sonrisa ingenua dibujada en los labios, y escasa introspección: el dinero empujaba a vivir a la gente.
Ahora ya parece que no es así. Estamos pagando los platos rotos de un sistema económico que como ciudadanos de la calle no entendemos, pero sí sufrimos. Solbes quizá ande más orientado y sepa qué hacer con su dinero, pero el ciudadano medio anda bastante desorientado, y cada uno forja su idea (normalmente distorsionada) para aliviar su sufrimiento económico en caso de que lo tenga.
Y aquí estamos todos, con caras largas, apretándonos el cinturón, comprando pollo en lugar de ternera y hablando de la crisis en el ascensor, como si fuera una tortura tener que adaptarse a esta nueva realidad.
Cada día mueren de hambre 24.000 personas según la ONU. Mueren sencillamente porque no tienen nada que llevarse a la boca. Y nosotros nos quejamos por tener que comer pollo. Y es que me voy a tener que cambiar a un coche diesel, que según están las cosas no me da para gasolina. Y qué ladrones los bancos que nos hacen sufrir así, que no nos dan ya hipotecas astronómicas para que, después de firmarlas, nos vayamos al bar a quejarnos de cómo están las cosas frente a nuestra caña de cerveza.
Nuestro gobierno aprobó recientemente un “paquete de ayudas económicas de 4100 millones de euros”. No sé exactamente dónde irán, pero sospecho que cuando pase todo este vendaval de tristeza que es la crisis, muchos más ciudadanos de este país volverán a llenar de ternera sus neveras, y muy probablemente esos 24.000 muertos de hambre al día ya se acerquen más a los 25.000. Así que dejemos de quejarnos y empecemos a dar gracias de vivir en este pedacito de cielo en el que pocos señores ricos vivimos a costa de que mueran muchos señores pobres que no se quejan de la crisis porque no saben lo que es ni jamás lo entenderían.


3 comentarios:
Marcos suscribo tu opinión. Somos el occidente bien nutrido y civilizado y miramos nuestro ombligo porque el hambre y la pobreza sólo son cosas de las noticias que ocurren muy lejos y además a personasde otras razas y otros lugares lejanos...En fin a ver cuando comprendemos que la vida vale igual sea de donde sea. un abrazo.Genial artículo.
Toda la razón del mundo, estoy de acuerdo contigo. Me gusta que recuerdes este tipo de asuntos, muchísima gente (aunque no lo creamos) no sabe mirar más allá de su vida, su país, y ahí es donde entra su ignorancia y la preocupación por temas o condiciones que en otras latitudes son simplemente utopías.
Un abrazo, Marcos!
Es cierto que la mayor parte de la gente que pone el grito en el cielo por su situación económica no es consciente de todo lo que arriba relatas...
Estoy de acuerdo contigo, sin embargo, para observar estas injusticias y darse de morros contra la realidad no hace falta irse hasta África!
Basta con mirar a nuestro alrededor, y contemplar la pobreza, la miseria, la marginación y la delincuencia, que junto con la falta de oportunidades forman el panorama de "mundo desarrollado" del que hacemos alarde cada día!
Un saludo!!
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