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De por qué los cuadros no se traducen a otros idiomas y la radio no se subraya.

martes, 4 de noviembre de 2008

El género radiofónico está de gala esta semana. Hace unas noches se celebró en directo una especie de gran fiesta “remember” en honor al magnífico Orson Welles, y su gran hazaña de poner al mundo en alerta por la inminente y realista, pero ideada, invasión del planeta tierra de manos de los “marcianos extraterrestres”.

Este gran experimento llevado a cabo por el genio Welles, se saldó con suicidios, histeria colectiva, Estados Unidos colapsados, y un hito en la historia de la ingenuidad humana, y una mella en la dúctil y maleable escultura que es la historia moderna.

Nueva York y Nueva Jersey se colapsaron por culpa de aquellos que sintonizaron la emisión un poco tarde, y no escucharon la introducción del programa, sino que tomaron el tiempo de entretenimiento como un noticiario fidedigno. Y no sólo el guión era fuerte y capaz de desatar el pánico. No sólo la idea de la adaptación de “La guerra de los mundos”(*) era magnífica y explosiva, sino que O. Welles era capaz como nadie de llevar a cabo la premisa tópica de la radio: “Lee un guión haciendo que parezca que improvisas, e improvisa haciendo que parezca que lees un guión”. La maestría se condensó de igual manera en los procesos de adaptación, producción y ejecución del programa. Y recordemos que en el género radiofónico es ciertamente difícil “hacer historia”: se trata de un género volátil, eminentemente directo, en el que no hay tiempo para dar lugar a la reflexión en la mayoría de los casos. Comparado con la literatura, no se imprime un guión de radio del modo que se imprime un libro, se publica, se compra, se lee, se relee, y se coloca en la estantería para posteriores revistas. En la radio se dispara, se comenta, se cometen errores, se dicen genialidades… y en diez minutos la mente del que escucha está intentando librarse de cuñas publicitarias sin haber dejado tiempo para la reflexión ni para la fermentación del tema en cuestión.

En la radio no sucede como en la pintura: tras emitir un programa, éste no se cuelga en la sala de un museo para que un crítico pueda dedicarse al arte contemplativo, no se pueden realizar fotografías para ponerlas en los libros de texto. Y es que así como en pintura, los cuadros no se traducen a otros idiomas, en radio no se pueden subrayar las mejores frases.

Esta breve reflexión sólo pretende empujar un poquito a Welles, para ajusticiar el hecho de que su obra radiofónica no es tan palpable como la de Picasso o Mozart, sencillamente porque se expresó utilizando un arte distinto. Y viene al caso cuestionar la realidad del dicho que dice algo así como “Un científico es bueno en explicar algo simple con muchas palabras complicadas. Un artista es aquél capaz de explicar algo complicado con un resultado simple”.

Al gran artista de las muchas palabras complicadas.


Marcos Domingo.

* HG Wells escribió “La Guerra de los Mundos”. O. Welles la adaptó a guión de radio. Y en este artículo comentamos a O. Welles por su obra en radio, siendo recomendable recordar que sin embargo fue su contribución al séptimo arte es la que le elevó al grado de excelencia.