martes 20 de enero de 2009
Supongo que hay casos de todas las índoles, como en todos los sitios o en todas las profesiones. Supongo que hay quien (al estilo de la película princesas) puede sobreponerse a las circunstancias y trabajar en la prostitución de una manera digna. Supongo que hay quien puede hacer uso de ella sin tener una carga moral demasiado pesada. Hasta ahí, bien. Pero yo tengo mi opinión, de la que se salvan todas esas excepciones. Y es que la prostitución es una de las lacras más duras que arrastra hoy la humanidad. Es el símbolo de que la estructura social está corrompida, y de que la desaprensión y la falta de principios morales están podridas en muchas personas. La autojustificación hace su función en la mayoría de casos. Hay muchos hombres que quieren ser ciegos, y ver solo a una señorita que les abre la puerta amablemente, les invita a pasar, les pide más, e incluso gime si es necesario (o se paga un extra). Y son capaces de estar tan ciegos como para creerse que es la forma natural que esa mujer tiene de alimentar a sus hijos. O lo que es peor: sencillamente no les importa, sólo quieren vaciar su sucio miembro en un agujero que (oh vaya!) es humano.
Entiendo que es muy frustrante, a nivel tanto psicológico como biológico, no practicar sexo durante mucho tiempo. Entiendo que eso lleve a personas a situaciones extremas, y entiendo que recurrir a la prostitución es una salida tremendamente fácil y accesible. Pero creo que estamos perdiendo el norte si seguimos esta línea de pensamiento. El problema está en que mucha gente no se gusta a sí misma, y por ende es imposible que le guste a otra persona. La infelicidad no es delito, pero si para buscar consuelo a la pésima y leve existencia de algunas personas, recurren a alimentar un monstruo tan desagradable como es el de la prostitución; desde mi punto de vista se está cometiendo una enorme aberración. Creo que el cliente de prostitutas está haciendo gala de una falta de humanidad ciega e incondicional. Y considero que eso es algo francamente cuestionable. Tras el visionado de la película Dogville me entraron arcadas. Ahora me repiten al plantearme que la realidad, una vez más, supera la ficción.
En cierta ocasión una profesora mía dijo algo que grabé en mi agenda de principios. Dijo que “ser justo implica hacer caso de las excepciones”. Atendiendo a esa agenda de principios he de restar de mi reflexión anterior todos los casos de prostitución en los que una mujer ha decidido en primera persona y con plenas facultades mentales vender su cuerpo para mejorar su calidad de vida. Esto es algo que no tengo interés en cuestionar ni valorar: sencillamente es su opción de vida, y merece todo el respeto. Hay casos de prostitutas que viven como reyes, y hay casos de niñas que trabajan en prostitución para pagarse un capricho. Sí señor, hay casos de todos. Mi reflexión era en torno a la otra cara de la moneda: la más común, extendida, popular, y la que se lleva (con gran diferencia) mayor pedazo de la tarta del total de clientes.
En definitiva, mi voluntad no es otra que apelar a la moralidad. No dejemos de pensar que hay cientos de mujeres en nuestra ciudad que están siendo explotadas y violadas de manera sistemática y para lucro de unos pocos mafiosos. No echemos la vista a un lado cuando pasemos por la rotonda en la que trabajan, no obviemos su existencia. Posicionémonos, hablemos de prostitución, pongamos el asunto encima de la mesa. Si somos ciudadanos, critiquémoslo. Si somos policías, investiguémoslo. Si somos jueces, legislémoslo. Pero dejemos de tratar a humanos como animales: Eso nos convierte a nosotros mismos en animales.
Mrk.


4 comentarios:
Mucha sangre fría para escribir este artículo. Hoy te has coronado, amigo. Buen trabajo.
Un abrazo
A mí también me ha gustado mucho tu artículo Marcos, me gusta la claridad con la que te expresas y pones las cartas sobre la mesa. Bajo mi punto de vista entiendo lo que dices y lo comparto, pero luego se me viene a la cabeza algo que siempre dicen muchas mujeres...¿acaso cuando somos niñas algunas decimos que queremos ser prostituas de mayor? NO. Todas decimos que queremos ser princesas, yo en mi caso presidenta, o maestras o médicos....esto te hace plantearte cosas.
De todas formas opino que si una mujer libremente decide dedicarse a esta profesión, debería de considerarse como tal, y de igual modo contribuir en sociedad.
Un beso!
Excelente Marcos. Me gusta como te acercas a la cara oculta de la socoiedad en toda su dureza y apelas a la dignidad de todos sin excepciones(presos, prostitutas...) La sociedad margina lo que teme y además olvida que detrás está la gente, con su dolor, su miseria , su necesidad de amar y ser amada.El dedo en la llaga: posicionarse, no mirar hacia otro lado. Nada de lo que le ocurra a otro ser humano nos debería ser ajeno, o al menos no completamente. Un abrazo.
En Berlín se pasean por las calles más concurridas uniformadas con sus corsés, sus botas altas, sus pantaloncitos y su riñonera. Todos estos complementos son su seña de identidad y hace que sea imposible no fijarse en ellas y preguntarse cómo han llegado hasta ahí. La sorpresa es mayor cuando observas como una de ellas camina al lado de un hombre, no mayor de 40, con mocasines y un polo de Lacoste sobre los hombros. Nadie se inmuta, nadie se sorprende, quiza porque estén acostumbrados, pero no acabo de entender como la gente se acostumbra a semejante (tal vez la palabra no es la adecuada pero suelo usarla al referirme a este tipo de cosas)"aberración".
Por cierto, me encanta la pelicula Princesas. Es imposible no empatizar (por cierto, que no solo se usa en la psicología)con la protagonista. Me quedé con una frase que me apetece compartir "existimos porque alguien se acuerda de nosotros" Probablemente no sea literal pero el contenido es el mismo. Saludos.
Publicar un comentario en la entrada