Mostrando entradas con la etiqueta Crítica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crítica. Mostrar todas las entradas

Spaghetti Western

sábado, 25 de abril de 2009


El Spaghetti Western es (desde mi punto de vista) uno de los géneros más fabulosos e incomprendidos de la historia del cine.   Basa su esencia en explotar el cliché de los tradicionales Western americanos, y readaptarlos a un cine mucho más moderno y estilizado, con un estilo más europeo.   Todas sus historias se contextualizan en un momento espacio/tiempo que por sus características resulta perfecto para cinematografiarlo.   Espacio: Norteamérica occidental.  Tiempo: Una época en permanente estado de excepción, en la que mandaban los fuertes, y la ley era impuesta por el arma más rápida.

Hollywood se había empeñado en repetir historias entorno a indios y vaqueros, carretas asaltadas, locomotoras y héroes justicieros que detenían a feos forajidos.  Todo ello con los grandes actores John Wayne y John Ford, se convirtió en uno de los géneros más populares de EUA.  Se trata de un gran género sin el cual nunca hubiera aparecido el Spaghetti Western, pero cuyas películas huelen todas igual.  Vista una locomotora, vistas todas.  Además, a mi me da pena que maten a tantos indios, con lo hippies que eran.  Todo ello hace que pese a respetar el género, me parezca algo casposo.

Sergio Leone supo utilizar esa fenomenal fuente de inspiración de la que hablábamos, una Norteamérica que hablaba a través de las armas, y en la que no había un gobierno tan fuerte como para contener a tantos ciudadanos armados y convertidos en pistoleros en defensa de su propio egoísmo.  Lo hizo aprovechando todos los clichés establecidos por el gran género Western, enfrentándose a la crítica desde un primer momento, hasta conseguir que el público le diera la razón.

Leone reinventó el montaje para sus películas Western.  Utilizó una cadencia temporal procedente del cine japonés: se inspiró en Kurosawa para reformular una línea temporal lenta, con tiempos casi muertos, y una técnica que incorpora unos primerísimos planos, con los que Leone es capaz de transmitir como nunca nadie lo había hecho en su género.   Nada llena más la pantalla que una mirada de Clint Eastwood en el momento oportuno, una escena de larga duración, fortaleza masculina, emociones contenidas, todo salpimentado con una brutal banda sonora de Ennio Morricone.

Hay muchos que todavía me miran raro cuando defiendo este género con brillo en la mirada.  Normalmente la conversación termina cuando me atolondro y me toman por un gafapasta, por eso quería usar esta oportunidad para defender este divertidísimo género lleno de sentimientos.   Donde muchos ven “una peli de vaqueros”, una pistola o un balazo, les aconsejo que busquen trasfondos sobre la justicia, las armas, la camaradería, la naturaleza, la evolución, el respeto, los límites entre las personas, el sentido de la ley, la venganza… O que sencillamente se relajen y disfruten de uno de los géneros más intensos que existen.  

El monstruo silencioso... más antiguo del mundo.

martes, 20 de enero de 2009

La prostitución es un tema de conversación infrecuente. La sociedad la contempla de maneras muy diversas. Hay detractores, defensores… Y los que más rabia me dan: los que obvian su existencia. He oído sólidos argumentos salir de bocas cargadas de razón en ambos sentidos. “Si no hubiera prostitución, habría más violaciones” “El que va de putas es porque algo le falta en casa” “Todas las prostitutas están explotadas por un chulo” “Muchas prostitutas trabajan porque la mafia tiene secuestrada a su familia en su país de origen” “Vienen engañadas a trabajar como camareras” “Hay algunas que viven como reinas” “Hay quien se mete a puta porque no quiere trabajar” “Hay niñas de papá que se prostituyen para pagarse un bolso caro”… La verdad es que todos estos argumentos me cansan, y me parecen sencillamente desorientados. Ninguno es el martillazo que haya conseguido clavar el clavo de la opinión en mi cabeza, ni como defensor ni como detractor.


Supongo que hay casos de todas las índoles, como en todos los sitios o en todas las profesiones. Supongo que hay quien (al estilo de la película princesas) puede sobreponerse a las circunstancias y trabajar en la prostitución de una manera digna. Supongo que hay quien puede hacer uso de ella sin tener una carga moral demasiado pesada. Hasta ahí, bien. Pero yo tengo mi opinión, de la que se salvan todas esas excepciones. Y es que la prostitución es una de las lacras más duras que arrastra hoy la humanidad. Es el símbolo de que la estructura social está corrompida, y de que la desaprensión y la falta de principios morales están podridas en muchas personas. La autojustificación hace su función en la mayoría de casos. Hay muchos hombres que quieren ser ciegos, y ver solo a una señorita que les abre la puerta amablemente, les invita a pasar, les pide más, e incluso gime si es necesario (o se paga un extra). Y son capaces de estar tan ciegos como para creerse que es la forma natural que esa mujer tiene de alimentar a sus hijos. O lo que es peor: sencillamente no les importa, sólo quieren vaciar su sucio miembro en un agujero que (oh vaya!) es humano.


Entiendo que es muy frustrante, a nivel tanto psicológico como biológico, no practicar sexo durante mucho tiempo. Entiendo que eso lleve a personas a situaciones extremas, y entiendo que recurrir a la prostitución es una salida tremendamente fácil y accesible. Pero creo que estamos perdiendo el norte si seguimos esta línea de pensamiento. El problema está en que mucha gente no se gusta a sí misma, y por ende es imposible que le guste a otra persona. La infelicidad no es delito, pero si para buscar consuelo a la pésima y leve existencia de algunas personas, recurren a alimentar un monstruo tan desagradable como es el de la prostitución; desde mi punto de vista se está cometiendo una enorme aberración. Creo que el cliente de prostitutas está haciendo gala de una falta de humanidad ciega e incondicional. Y considero que eso es algo francamente cuestionable. Tras el visionado de la película Dogville me entraron arcadas. Ahora me repiten al plantearme que la realidad, una vez más, supera la ficción.


En cierta ocasión una profesora mía dijo algo que grabé en mi agenda de principios. Dijo que “ser justo implica hacer caso de las excepciones”. Atendiendo a esa agenda de principios he de restar de mi reflexión anterior todos los casos de prostitución en los que una mujer ha decidido en primera persona y con plenas facultades mentales vender su cuerpo para mejorar su calidad de vida. Esto es algo que no tengo interés en cuestionar ni valorar: sencillamente es su opción de vida, y merece todo el respeto. Hay casos de prostitutas que viven como reyes, y hay casos de niñas que trabajan en prostitución para pagarse un capricho. Sí señor, hay casos de todos. Mi reflexión era en torno a la otra cara de la moneda: la más común, extendida, popular, y la que se lleva (con gran diferencia) mayor pedazo de la tarta del total de clientes.


En definitiva, mi voluntad no es otra que apelar a la moralidad. No dejemos de pensar que hay cientos de mujeres en nuestra ciudad que están siendo explotadas y violadas de manera sistemática y para lucro de unos pocos mafiosos. No echemos la vista a un lado cuando pasemos por la rotonda en la que trabajan, no obviemos su existencia. Posicionémonos, hablemos de prostitución, pongamos el asunto encima de la mesa. Si somos ciudadanos, critiquémoslo. Si somos policías, investiguémoslo. Si somos jueces, legislémoslo. Pero dejemos de tratar a humanos como animales: Eso nos convierte a nosotros mismos en animales.


Mrk.