miércoles, 27 de mayo de 2009
La espiritualidad es una de las virtudes menos entrenadas por el hombre. Las religiones están pasadas de moda y acarrean demasiados lastres históricos y presentes como para poder ser medio de expresión fresco y libre para nuestra espiritualidad.
El placer de sentirse bien consigo mismo y alcanzar una aceptable cota de trascendencia en nuestra existencia es algo a lo que sencillamente no prestamos atención: estamos demasiado ocupados con asuntos triviales, estamos demasiado alienados.
Se entremezclan en nuestra cotidianidad algunos resquicios que nos permiten acceder a un nivel superior de bienestar con uno mismo. El silencio en una clase de yoga, un rincón oscuro en una catedral, un solitario rincón en el parque en el que nos sentimos tranquilos…
Una vez descubrí un lugar en el que la espiritualidad flotaba en el ambiente. Se consideraba adecuado cerrar los ojos en cualquier momento y lugar, y desconectar de lo presente para flotar en un mundo de reflexión. La meditación había desbancado por completo a la conversación, y existía un silencio que olía a incienso encendido por reverentes monjes budistas.
El paisaje manifestaba un completo equilibrio de especies, el musgo crecía en las antiguas rocas de los templos construidos con paciencia, y los ciervos se movían a la lenta velocidad de las carpas de colores en los estanques. Las religiones no se habían atrevido a entrar en guerra por respeto a sus dioses: templos budistas flanqueados por arcos sintoístas convivían en perfecta armonía para recordarnos que todas las religiones tienen algo puro y bueno: la espiritualidad. Y allí, a la espiritualidad la habían desnudado con cuidado y respeto, la habían venerado, y la acercaban a quien quisiera sentirse parte de ella.
Y lo que más me sorprendió de todo, es haber tenido que hacer un viaje tan largo, a la antigua capital imperial del imperio nipón, para encontrar algo sencillo y que había llevado dentro todo este tiempo: encontrarme a conmigo mismo.


2 comentarios:
A menudo es necesario viajar lejos para descubrir lo que esta cerca
¡Qué maravilla...! Conectar con nosotros mismos indagar, meditar, comprender.Precioso. Un abrazo
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