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Japón I

martes, 10 de febrero de 2009

Japón es sublime tanto para las cosas grandes como para las pequeñas. Observar el rascacielos de la fotografía desde la base te hace replantearte los límites del ser humano. Apenas unos metros mas allá, un cartel que te invita a pasar una tarde de lluvia tomando café o té, y acariciando a uno de sus pequeños gatitos.

El minimalismo que impera en el diseño japonés se concilia en Yokohama con el abarrotado estilo barroco de su barrio chinatown. Caminas por una calle llena de personas que te ofrecen mil y una baratijas, y respiras los olores de las comidas que salen de mil comercios con ollas humeantes en sus puertas, cuyas fragancias se confunden con el incienso de los muchos templos incrustados en esta vorágine de trasiegos sobrecogedores.

De repente sales a un espacio gigante casi vacío, limpio como si fuera nuevo, con rascacielos al fondo, una bahía con buques ordenados en el horizonte, y sólo se oye el silencio, y sólo se huele una fresca brisa marina.


Marcos Domingo

Saludo al sol naciente

sábado, 13 de diciembre de 2008

Cuando un extranjero aprende japonés, empieza a aprender el alfabeto silábico hiragana.  Cuando domina todas las sílabas de este alfabeto, es capaz de hablar en las mismas condiciones que un niño de tres años en Japón.  Y entonces empieza su verdadero aprendizaje.   Y es que un extranjero, cuando entra en contacto con la cultura japonesa, se siente un niño.  Se siente renacer.  Hay algo en la cultura japonesa que nos hace pensar que realmente han entendido el concepto de pacifismo.

España arrastra sus fantasmas en forma de guerra civil y dictadura.  Es algo que en su momento marcó nuestro futuro, y se nos hace terrible pensar en cuán cercano está ese oscuro pasado.   En ocasiones, y aprendiendo un poco sobre política internacional japonesa, me doy cuenta de hay algo en lo que nosotros los españoles fallamos, y los japoneses acertaron.  Y es que nosotros alcanzamos la etapa de desarrollo a precio de guera y dictadura.  Japón lo hizo sin tener siquiera ejército.  Y sigue sin tener ejército como tal.  Y aun cuando lo necesitaron para defenderse de las vejaciones americanas, fueron fieles a su ideología y apostaron por la paz.

Me pregunto a qué se debe esta diferencia.  Nuestro carácter latino, nuestra sangre caliente, nuestro tradicional romanticismo, se contrapone a su histórico estereotipo de educación, cortesía, frialdad, servilismo y paciencia.  Me pregunto cuánto de esto es cierto, y qué resultados sociales se obtienen de tales patrones de comportamiento de masas, real o estereotipado.   Si hubiéramos enseñado en nuestro país que el respeto y la dignidad son valores más altos que la libertad de consumo y el egocentrismo, nos pareceríamos más a Japón.   Si los americanos hubieran apostado por la defensa de la naturaleza y la formación en artes marciales en lugar del sobreconsumo, sobreexplotación petrolera y armas de fuego, EUA se parecería más a Japón.   Si hace 60 años en Alemania hubieran enseñado a respetar otras religiones, culturas e idiomas a través de la enseñanza en el propio idioma alemán (como el japonés hace con el katakana), Alemania se parecería más a Japón.

Del último párrafo descifraréis que me gustaría que todos esos países mentados aprendieran una lección de Japón.  Y para finalizar con estas comparaciones libres que hoy me he permitido hacer, hago la última: Si el afán invasor y destruccionista de los Estados Unidos no se hubiera aprovechado salvajemente de la humildad del pueblo japonés, Japón se parecería más al paraíso.

Pensando en Hiroshima.  Que el Karate venza a las armas de fuego.